Libérate del perfeccionismo

Escrito por @balvarezf el 10 de julio de 2016

¿Eres de aquellas personas que revisa incesantemente una actividad luego que la culminas para verificar su calidad?, ¿Tienes la sensación de que nunca has hecho algo lo suficientemente bien?, ¿Dedicas mucho tiempo para corregir errores en todo lo que haces? Si es así, muy probablemente caes con frecuencia en perfeccionismo.

En nuestra sociedad actual se nos ha inculcado el culto a lo perfecto. En todos los ámbitos se nos exigen altos estándares, ya sea cuerpos perfectos, relaciones perfectas, ser padres e hijos perfectos, empleados perfectos… En principio, apostar por la perfección o el cumplimiento impecable de las metas puede parecer positivo, ya que ello nos impulsa a ser cada día mejor. No obstante, cuando se convierte en la premisa de nuestro vivir, puede acarrear ansiedad y una profunda insatisfacción. Cuantas más áreas estén revestidas de perfeccionismo mayor será el nivel de tensión.

Si eres víctima del perfeccionismo, no te sientas mal, es una conducta muy extendida entre las personas. En mi experiencia, te comento que durante años he actuado acompañada de un exceso de perfeccionismo. Desde la educación primaria hasta la universidad, mantuve un buen promedio de calificaciones. Estudiaba y repasaba los textos para los exámenes una y otra vez, al salir de una evaluación me sentía frustrada porque consideraba que lo que había plasmado en la prueba era insuficiente, si obtenía 17 puntos (el máximo puntaje es 20) caía en llanto y pasaba días desolada, me esforzaba muchísimo por obtener siempre el mayor resultado. ¿Cómo me sentía? Vivía permanentemente en un estado de ansiedad, de exigencia y autocrítica. Nada me complacía y no toleraba el desacierto, era un lujo cometer errores.

Con el pasar de los años empecé a comprender que ese comportamiento me producía gran infelicidad, de nada me servían los logros sino era capaz de valorarlos y sobre todo disfrutarlos en su justa dimensión. Comencé a observar que estaba perdiendo mis días sujeta a la evaluación de los otros y que mi autoestima dependía del reconocimiento o la desaprobación de los demás.

Aunque sea un tanto difícil dejar de ser perfeccionista, sobre todo cuando está tan arraigado en nuestro comportamiento, sí es posible. Las principales razones para trabajar en ello es que te ayudará a aliviar los sentimientos de estrés y ansiedad, tenderás a sentir más confianza y seguridad en ti mism@, mejorarás tus relaciones con los otros, al reducir tus expectativas e invertirás eficientemente tu tiempo, al no detenerte en detalles irrelevantes. Aquí en Plan B te dejo algunas claves para ayudarte en tu perfeccionismo:

Responde primero a esta pregunta: ¿Qué prefieres: ser perfecto o feliz? Ten presente que la perfección es imposible. Absolutamente nada es perfecto.

Mejora tu diálogo interior: revisa todo aquello con lo que te sientas satisfech@ de ti mism@ y apruébate. Detrás del perfeccionismo se esconde una baja autoestima. Trabajar la autoestima es indispensable para que sientas más seguridad en lo que haces.

Aprende de los errores: la única forma de aprender algo, es a través del ensayo y del error. Luego que los cometas no pasa nada, los subsanas y sigue adelante. Réstale drama a los errores, quizás al principio te cueste, (a mi aun me ocurre) pero aprende a aceptarlos. Verás que con el tiempo incluso te reirás de ellos, pues no son tan trágicos como pensabas.

Deja de pensar en los resultados: centra tu atención en lo que estás haciendo ahora. Busca su significado y bríndale su justa importancia a lo que estás experimentado.

Pasa a la acción: no pierdas el tiempo detallando una y otra vez lo mismo o diciéndote lo malo que eres para hacer algo. Comienza ya. En el camino irás resolviendo los detalles. La acción te permitirá reducir la ansiedad.

Modera tus expectativas: no siempre todo saldrá como lo planificaste. Así es, la vida está llena de cambios. En la medida que ajustes tus expectativas seguramente estarás más tranquil@ con lo que obtuviste de ti mismo o de otras personas.

Aprende a delegar: sé que deseas que todo sea perfecto y te cuesta darle tus tareas a otros porque no lo realizan como tú lo esperas. Es momento de ceder, si aquello que recibiste tiene un detalle que es a tu juicio imperfecto y no constituye algo trascendente, déjalo pasar. Evita caer en un colapso innecesario.

Evalúa conscientemente el balance beneficios-perjuicios que te está generando el perfeccionismo en tu vida. Si te ofrece más insatisfacciones, es momento de trabajar en ello. Opta por vivir como un ser humano feliz y falible que como un ser “perfecto” y angustiado. Tú decides, en tus acciones está la posibilidad de transformación.

Cuando el perfeccionismo te paralice, recuerda esta premisa “Vale más 10% de algo que 100% de nada”. Coméntame ¿Cómo vives el perfeccionismo?

Nos vemos la próxima semana.

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Brirkellia Álvarez

Life coach y comunicadora. Construyendo un “Plan B” con pasión e inspiración.

Twitter: @balvarezf

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